Muy diferente a Trafalgar es esta novela que continúa las andanzas de Gabriel Araceli, ahora metido en líos de palacio y enredos entre marquesas y duquesas que aman y tiene secretos que ocultar. Servidor de una dama de alta alcurnia, después de serlo de una actriz muy reconocida, Gabriel se enfrenta a su concepto del honor y a su deseo de ser alguien importante y con un cargo o un puesto relevante, y llega a la conclusión de que no merece la pena conseguirlo de una manera que exige el disimulo, la doblez, la asechanza, el espionaje. Venderse al mejor postor no es la mejor idea, no es el mejor panorama para el futuro. Y aunque visita la corte, ve al rey y la reina, presencia acontecimientos que recalarán más tarde en los libros de historia, se aleja persuadido de que el hijo de su madre no puede hablar consigo mismo y mantenerse alzado y sin reproches íntimos e ingobernables, insufribles, vendiendo su conciencia y su libre pensar. De esta forma, Pérez Galdós traza un cuadro vivo y muy crítico del poder, muestra algunas entretelas abominables y define muy bien quiénes son los que mandan y cuáles son sus manejos para que el pueblo no sepa más que lo que a ellos les interesa que sea conocido. De nuevo una gran escena brilla con luz propia en el libro, aunque esta más breve que en el anterior: el encuentro con una mujer muerta que reposa en su cama después de entregar su alma y que despierta en Gabriel emociones inesperadas y muy decisivas. Y otra vez tiene uno la sensación de estar leyendo páginas de gran valor.
Mostrando entradas con la etiqueta Benito Pérez Galdós. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Benito Pérez Galdós. Mostrar todas las entradas
Benito Pérez Galdós: Trafalgar
Si bien la primera parte de la novela abunda en detalles picarescos durante la narración de los más jóvenes años del protagonista, Gabriel Araceli, y en otros con finos y no tan finos destellos de humor, cuando se aborda la batalla, Pérez Galdós se presenta como un narrador de una destreza y una creatividad inmensas, como la propia mar donde se desarrollan los acontecimientos, y es fácil emocionarse durante las horas de lucha, derrota, sufrimiento y dolor de los que perdieron ilusiones y vida en tan famosa batalla. Y digo emocionarse porque el autor narra con verosimilitud, un realismo cercano y nada exagerado y un sentimiento vívido el destrozo y la sangre derramada mediante una hábil y natural adjetivación que llena de color y de emociones el texto como pocas veces he visto antes en ningún libro de aventura, acción o misterio, o de cualquier otra clase. Imagina Gabriel que los barcos son seres vivos, ve una luz en el buque principal que se hunde mientras se aleja de él, la sangre en la cubierta, y su narración no es épica ni torcida hacia el entretenimiento, sino un cuadro exacto y sensible que acongoja por su veracidad y por el perfecto equilibrio de guerra y humanismo que ofrece en unas páginas maestras, sin duda de un maestro mayor de la literatura.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

